Posteado por: foresamb | abril 28, 2015

Almacenar CO2 es una ‘opción’ objetivamente factible

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La opción de almacenar el CO2 es viable para reducir el efecto invernadero hasta que las energías renovables puedan sustituir a los combustibles fósiles en la producción masiva de energía, si se hace a través de condiciones “estrictas”, revela un estudio llevado a cabo por científicos del CSIC y del Laboratorio Nacional de Berkeley.

En un trabajo, publicado en la revista ‘PNAS’, los investigadores han calculado cómo cambian las propiedades de los acuíferos salinos profundos y de las rocas sello arcillosas tras el almacenamiento geológico del CO2, y han concluido que si se cumple una serie muy estricta de criterios, el peligro de sismicidad inducida es improbable. Los investigadores observan que una de las estrategias de lucha contra el cambio climático es el almacenamiento geológico del CO2 en acuíferos salinos profundos, lo que no está exento de controversia.

La opción preocupa por el posible riesgo sísmico, derivado de la presión que pueda ejercer el CO2, y el consiguiente riesgo de que se escapen las grandes cantidades de este gas almacenado de efecto invernadero.

El trabajo liderado por el científico del CSIC en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios Del Agua (IDAEA) Jesús Carrera y el del Lawrence Berkeley National Laboratory (EE.UU) Victor Vilarrasa concluye que si se sigue una serie muy estricta de criterios, entre los cuales están el evitar las zonas sísmicamente activas, ese peligro es improbable.

ROCA SEDIMENTARIA

La roca sedimentaria, en la que se propone ubicar los depósitos de CO2, es más blanda y moldeable y, frente al cambio de presión, tiene tendencia a plegarse. Por ello, dicen los científicos, raramente está bajo una presión geológica crítica; en cambio, las rocas cristalinas, de gran dureza, se fragmentan con más facilidad en situaciones de presión geológica, por lo que no deberían tocarse.

ROCA CRISTALINA

Además, la dinámica de las presiones durante la inyección del dióxido de carbono sugiere que el estado menos estable es al principio de la inyección, y que la sobrepresión decrece con el tiempo, a medida que el dióxido de carbono se disuelve en la salmuera. Incluso en el caso de que la sobrepresión activara las fallas, el alto contenido de arcilla que llevarían las capas de sellado, haría que las fracturas se volvieran a cerrar. “Si los depósitos de dióxido de carbono son adecuadamente seleccionados, y gestionados, la sismicidad inducida es improbable”, ha señalado Carrera.

Fuente: Ecoticias.com

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